Margarita Villalobos

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La vez que me fracturé el meñique izquierdo

Acompáñenme a leer esta triste historia.

Manuel siempre dice (en broma, espero) que tengo un mecanismo de autodestrucción. Básicamente porque siempre me pasan accidentes “poco probables”, como que se me parta una muela en dos por comer una tostada, o que me quede una cicatriz en el pulgar por cortarme al abrir una lata de atún.

Esta vez me fracturé el meñique de la mano izquierda.

Todo comenzó una soleada mañana de viernes a las 9:19, llegué a la universidad en la que trabajo y me pidieron mi identificación en la entrada. Como hacía tiempo no me la pedían no la llevaba a la mano, así que la saqué de la cartera, la mostré y cuando me di la vuelta para irme, en lugar de ver el camino, estaba metiendo la credencial dentro de la cartera, así que no me fijé en un escalón y…

MOCOS.

Me doblé el pie derecho y azoté cuan larga y pesada soy.

En ese momento lo que más me dolía era el pie y mi orgullo, al acumularse un grupo de personas alrededor mío preguntando si estaba bien y tratando de ayudarme a incorporar. Luego me di cuenta que el dedo meñique de mi mano izquierda estaba hinchado y morado. El doctor de la universidad muy amablemente me revisó, pero me recomendó que me tomaran rayos X para descartar fracturas.

Y aquí es donde comienza la queja.

Me recomendaron ir al Hospital Reforma que tiene cobertura para mi seguro de gastos médicos mayores. Llegué ahí a las 11.30 de la mañana (porque la universidad está bastante lejos y Manuel fue por mí y en la ida y regreso se nos fueron dos horas), me tomaron radiografías y me dieron el diagnóstico: esguince de primer grado en pie derecho y fractura de dedo meñique de la mano izquierda.

Una doctora me recetó algo para mi tobillo y me informaron que el traumatólogo vería lo de mi fractura. Pasó un rato más, el traumatólogo revisó a una chica que estaba en una cama contigua a donde estaba yo y luego ¡se fue!

La doctora llegó muy apenada a decirme que el traumatólogo tenía que ir a un congreso, que regresaba en una hora y que lo esperara. Yo, ingenuamente, decidí esperar pues porque a dónde iba a ir con mi tobillo chueco y mi dedito fracturado, ¿verdad?

El caso es que nos dieron las doce y la una y las dos y las tres como la canción de Joaquín Sabina y el doctor NUNCA REGRESÓ.

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